Tanatopraxia: el arte de “embellecer” cadáveres

   
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Tanatopraxia: el arte de “embellecer” cadáveres
Enviado 13 de Septiembre 2010 | por armandogonzalez | Vistas 49,884 | 08:41
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La técnica de devolver el aspecto natural a los cadáveres y retrasar su descomposición, incluso quitarles las marcas traumáticas de un accidente, es una práctica que aumenta en Argentina, donde en estos días se dan cita los mayores referentes suramericanos de esa disciplina.

La tanatopraxia mejora el aspecto del cuerpo y también lo desinfecta por dentro y por fuera, evitando la putrefacción, un factor clave para funerales prolongados o circunstancias en las que los cementerios están abarrotados y hay demoras para los entierros.

El proceso puede ir desde el maquillaje y la hidratación de la piel del rostro -la tanatoestética- hasta intervenciones complejas de reconstrucción para borrar las huellas de accidentes o los cortes de los forenses en las autopsias.

“Esta técnica quita el %u2018color a muerto%u2019 y parece como si estuviera dormido. Esto es importante para la familia de quien ha fallecido pues no es lo mismo despedirse de un familiar que de un cadáver”, dijo a Efe Ricardo Péculo, director del Instituto Argentino de Tanatología Exequial, donde se enseña tanatopraxia.

Según los expertos, que hasta este viernes asisten en Buenos Aires a Funexpo, una convención del sector fúnebre, esta práctica aún está poco difundida en Argentina por desconocimiento y por ciertos tabúes frente al fenómeno de la muerte.

Daniel Larovere, tanatopráctico y comercializador de camillas especiales para realizar estas intervenciones, apunta a la cualificación de quienes aplican esta técnica como el factor diferencial que determinará el rumbo futuro de la tanatopraxia en Argentina.

“Hay buenos expertos, que hacen incisiones mínimas, y otros que, en cambio, hacen una carnicería”, se quejó.

Para Larovere, uno de los mayores referentes mundiales en la materia es el francés Jean Monceau, que intervino en los cadáveres de la princesa Lady Di, de la actriz Bette Davis y del modisto Guy Laroche.

La tanatopraxia tiene sus orígenes más remotos en el antiguo Egipto y empezó a ser utilizada con mayor asiduidad durante la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865) para preservar por más tiempo los cadáveres de los muertos en combates.

Inicialmente se usaba arsénico, pero resultaba muy peligroso para los tanatoprácticos, por lo que luego comenzó a utilizarse formol.

“Hoy se utiliza una combinación de químicos para estabilizar la materia corpórea y evitar la putrefacción por un mínimo de quince días y hasta por un máximo de 45 días”, explicó a Efe Paulo Coelho, presidente de la Asociación de Empresas Funerarias de Brasil.

El proceso, que puede demandar unas dos horas de trabajo, se inicia con la profilaxis externa del cuerpo y sigue con la introducción de líquidos conservantes a través de las arterias -unos ocho litros para un cuerpo de 75 kilos-.

A medida que se introducen estos líquidos, se extrae la sangre.

En algunos casos también se extraen los gases encerrados en diversos órganos.

Una clave, según Larovere, es conocer de qué ha fallecido la persona pues, por ejemplo, si murió de hepatitis B y se le inyectan ciertos químicos, se puede producir un contraste de colores y el cuerpo vira al verde.

En casos de muertes traumáticas o de cortes por autopsias, se requiere primero cerrar las heridas y los cortes que presente el cadáver para luego iniciar la inyección de líquidos conservantes.

Quienes realizan esta práctica deben adquirir conocimientos de anatomía, biología y química porque, si se da un paso equivocado, no es posible revertirlo.

Coelho, quien también preside la Asociación Brasileña de Tanatopraxia, asegura que en su país esta práctica está mucho más difundida que en Argentina y que incluso hay personas que en vida expresan su voluntad de que su cuerpo luzca lo más vivaz posible en su funeral.

Fue Víctor Hugo quien alguna vez postuló en un poema que “la belleza y la muerte son dos cosas profundas, con tal parte de sombra y de azul que diríanse dos hermanas terribles a la par que fecundas, con el mismo secreto, con idéntico enigma”.

Devolver algo de belleza a un cadáver está lejos de tener pretensiones poéticas, pero al menos intenta dar a los vivos un poco de consolación.
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